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Jenni Martínez

Jenni Martínez nació en Tungurahua, en la ciudad de Patate, y desde su infancia experimentó problemas de equilibrio y visión.

 

Su madre relata que desde el primer año de vida se le dificultaba aprender a caminar, hasta conseguirlo a los 2 años y medio, pero con poco equilibrio y chocándose con las paredes.

 

Sus padres decidieron llevarla a la Clínica Pasteur, donde tras hacerle audiometrías y más exámenes descubrieron que era sorda cuando ella tenía 2 años, 8 meses.

 

A los nueve años comenzó a perder gradualmente la capacidad de ver lo que marcó un punto crítico en su vida. 

Los médicos les indicaron a sus padres que la condición de Jenni, se debe a que padece el Síndrome de Usher, el cual se caracteriza por afecta a la audición, la visión y, a veces, el equilibrio.

Jenni recuerda que durante su educación asistió al Instituto Enriqueta Santillán, en el sur de Quito. En ese lugar, los profesores insistían en que aprendiera braille, una idea que al principio rechazó porque sentía que la aislaba aún más debido a su condición única de sordoceguera.

 

A pesar de sus dificultades, sus padres la animaron a desarrollar sus sentidos restantes, como el tacto, el gusto y el olfato, lo que la llevó a esforzarse por adaptarse a su realidad.

Luego, entró al Instituto de Audición y Lenguaje INAL, donde estudió hasta graduarse del colegio, Jenni enfrentó enormes desafíos debido a su discapacidad dual. Sin embargo, logró adaptarse gracias a su dedicación y la guía de sus padres. En casa, comenzó a aprender tareas cotidianas como cocinar y vestirse, mientras desarrollaba habilidades que le permitieron mayor independencia.

Con el paso del tiempo su pérdida de visión se fue total, dejando solo una visión tubular. A pesar de esta limitación, encontró esperanza y fuerza en su fe en Dios, que la ayudó a superar las dificultades.

 

Además, desarrolló una pasión por enseñar lengua de señas a niños, compartiendo su conocimiento y ayudándolos a aprender formas de comunicación inclusiva.

 

Después del colegio, Jenni se encontró con la pregunta de qué hacer a continuación. Aunque deseaba trabajar y sabía que tenía derecho a hacerlo, enfrentó muchas dificultades para acceder al mercado laboral.

Sobre la vida personal de Jenni

En su vida personal, Jenny tiene una hija de 13 años que actualmente vive con su exesposo y su familia.

 

Comenta sobre las complicaciones de adaptarse a su condición y cómo la compañía de otras personas, además de herramientas como el bastón, han sido clave para su movilidad.

 

Explica que, si bien puede desplazarse sola en casa, para trámites y citas médicas necesita siempre estar acompañada, debido a la falta de accesibilidad en muchos espacios.

FOTO JENNI CON BANDAS.JPG

Jenni menciona la falta de atención adecuada en instituciones como el IESS y las dificultades para realizar trámites debido a la accesibilidad, a menudo dependiendo de la ayuda de su madre.

 

Sobre su vida social, Jenny dice que prefiere pasar tiempo con su familia y su pareja en lugar de con amistades externas.

 

Encuentra mayor satisfacción en la convivencia familiar.

 

De igual forma, sus padres comentaron que Jenni siempre era elegida como señorita deportes o para participar en concursos de belleza.

Su madre, Amparo Carranza, nos compartió su perspectiva de cómo es criar a una hija sordociega y la lucha de su hija. 

La historia de Jenny es un testimonio de resiliencia y adaptación, donde su determinación por superar las barreras sensoriales la convirtió en una inspiración para otros.

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