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Andrés Figueroa: vocación a través del diseño gráfico

Andrés Figueroa, de 40 años, es una persona hipoacúsica que ha utilizado tanto el oralismo como la lengua de señas para comunicarse. Nacido en una familia que desconocía el uso de la lengua de señas, su madre se convirtió en su primera maestra, enseñándole el abecedario y frases simples para practicar su habla y su dialecto.

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Su trayectoria educativa comenzó a los cinco años en una guardería regular, donde se relacionó con niños oyentes. Más tarde, ingresó a "La Voz del Silencio", una escuela que buscaba integrar a personas sordas mediante un sistema de educación inicial. Sin embargo, enfrentó dificultades al aprender señas, pues el enfoque predominante era oralista. Esto no lo detuvo, su recorrido académico continuó en colegios de inclusión donde, pese a las barreras, logró culminar sus estudios básicos.

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Al graduarse como técnico en diseño gráfico en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE). Posteriormente, obtuvo su licenciatura en diseño gráfico en la Universidad Israel, logrando superar los obstáculos educativos con esfuerzo y dedicación.

Construyendo un

camino profesional

Tras finalizar sus estudios, Andrés inició su vida laboral en la Universidad Israel, donde trabajó durante dos años. Su experiencia allí lo preparó para nuevos desafíos, permitiéndole incorporarse al Ministerio de Trabajo, donde laboró bajo contrato por otros dos años.

Su crecimiento profesional continuó en el Servicio de Contratación de Obras (SECOP), donde trabajó durante seis años como diseñador gráfico. Allí enfrentó exigencias laborales en un entorno de ritmo acelerado, demostrando su capacidad para adaptarse y ser parte de un equipo dinámico. Actualmente, Andrés forma parte del Área de Comunicación Social del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, donde lleva cinco años contribuyendo con su talento al desarrollo de proyectos institucionales.

Familia como eje de vida

A nivel personal, Andrés encontró en su familia la motivación para seguir adelante. Tras dos años de noviazgo, se casó con su vecina, con quien comparte una vida llena de amor y aprendizaje. Juntos, tienen dos hijos, de 10 y 9 años, quienes han crecido en un entorno donde el oralismo y la lengua de señas coexisten como medios de comunicación.

Aunque Andrés asegura no haber sentido barreras significativas en su vida personal, reconoce que su madre fue clave al prepararlo para enfrentar los desafíos que le aguardaban como adulto. Su enfoque en el aprendizaje constante y su actitud prudente le han permitido construir una vida estable y plena para su familia.

Quisiera decirles a todas las personas sordas que podemos lograr mucho si somos organizados y nos interesamos en aprender más. El español escrito, aunque no sustituye a la lengua de señas, es una herramienta importante en nuestra comunicación y en nuestro desarrollo. Aprendamos, mejoremos y sigamos construyendo un futuro mejor para nosotros y nuestras familias."

La historia de Andrés Figueroa no solo destaca su resiliencia, sino que también inspira a otros a superar las barreras que la sociedad les impone. Su vida es un testimonio de que, con esfuerzo y educación, es posible alcanzar cualquier meta.

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