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Carlos Arce

Carlos Arce nació en la ciudad de Quito, en una familia numerosa compuesta por seis hermanos, de los cuales tres son oyentes y tres son sordos. Aunque sus padres, ambos oyentes, no tenían experiencia previa con la discapacidad auditiva, enfrentaron este desafío con valentía y amor. Desde un principio, se preocuparon por encontrar la mejor manera de apoyar a sus hijos sordos en su desarrollo personal, académico y social.

La familia de Carlos tiene raíces en un pequeño pueblo cercano a Ibarra llamado Cuajara, aunque se trasladaron a Quito antes de su nacimiento. En este nuevo entorno, los padres de Carlos buscaron recursos educativos adecuados. Así, Carlos y sus hermanos sordos comenzaron sus estudios en el Instituto Nacional de Audición y Lenguaje (INAL), una institución especializada en educación para personas con discapacidad auditiva. Allí, Carlos vivió un proceso educativo particular que combinaba el oralismo —la enseñanza de habilidades verbales y auditivas— con el uso de la lengua de señas.

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Desde niño, Carlos destacó por su capacidad para adaptarse a diferentes formas de comunicación. Aunque el oralismo formaba parte de su educación formal, encontró en la lengua de señas una herramienta natural y efectiva para expresar sus ideas y emociones. Además, convivir con un hermano sordo reforzó su vínculo con la lengua de señas y su sentido de pertenencia a la comunidad sorda.

A lo largo de su vida, Carlos enfrentó diversas barreras sociales, laborales y educativas. Sin embargo, su espíritu resiliente y su determinación lo llevaron a superarlas. Después de completar el colegio, Carlos obtuvo su título de bachiller y comenzó a trabajar en áreas administrativas, específicamente en archivos y documentación. Este empleo le permitió desarrollar habilidades organizativas y demostrar que las personas sordas son capaces de desempeñarse de manera profesional en distintos campos. Actualmente está estudiando para obtener su título de tercer nivel.

Además de su trabajo, Carlos encontró su verdadera pasión como instructor de lengua de señas. Durante más de siete años, ha enseñado a personas oyentes interesadas en aprender esta lengua, promoviendo una mejor comunicación entre las comunidades oyente y sorda. Su labor como docente no ha estado exenta de desafíos, pero ha logrado construir métodos pedagógicos efectivos que ayudan a sus estudiantes a comprender y asimilar la lengua de señas de manera práctica. Para Carlos, cada avance de sus alumnos representa un logro personal y un paso hacia una sociedad más inclusiva.

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La vida familiar de Carlos también es un reflejo de su compromiso con la lengua de señas y la comunidad sorda. Está casado con una mujer sorda, y juntos tienen una hija que también es sorda. La lengua de señas no solo es su medio de comunicación diario, sino también un símbolo de unidad y fortaleza familiar. A través de este idioma, han construido un hogar basado en el respeto mutuo y el apoyo constante. Carlos y su esposa se esfuerzan por brindar a su hija un entorno enriquecedor que le permita desarrollarse plenamente y sentirse orgullosa de su identidad.

Sin embargo, Carlos es consciente de los desafíos que todavía enfrenta la comunidad sorda. Las barreras estructurales, como la falta de accesibilidad en el ámbito educativo, laboral y de atención médica, siguen limitando las oportunidades para muchas personas sordas. Durante la pandemia de COVID-19, la situación se complicó aún más debido al uso generalizado de mascarillas, que dificultó la comunicación para quienes dependen de la lectura de labios o expresiones faciales.

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A pesar de estos problemas, Carlos ha trabajado arduamente para impulsar cambios positivos. Ha participado en iniciativas que promueven la inclusión y la accesibilidad para la comunidad sorda, luchando por el reconocimiento de sus derechos. Señalando que existe mayores avances para otro tipo de discapacidades, pero la comunidad sorda aun no es del todo atendida por el Estado.  También ha sido un defensor de la importancia de que las personas sordas sean quienes enseñen lengua de señas, destacando que esta lengua es una parte intrínseca de su identidad cultural.

Carlos resaltó que la apertura de la comunidad oyente a la comunidad sorda he mejorado bastante, ya que en el pasado el miedo o el temor no les permitió entender esta forma de comunicación. Ahora gracias a la escritura y a la lengua de señas existe una relación más estrecha entre ambas comunidades y la comprensión a su cultura.

EL DEBATE: ¿Es correcto que
una persona oyente enseñe lengua de señas?

Carlos comparte que dentro de la comunidad no están de acuerdo que una persona oyente imparta la lengua de señas ya que se consideraría como apropiación cultural de su comunidad.

A lo largo de su vida, Carlos ha demostrado que la discapacidad no es un obstáculo para alcanzar metas personales y profesionales. Su historia es un ejemplo de perseverancia, dedicación y amor por su comunidad, y continúa siendo una inspiración para quienes buscan un mundo más justo e inclusivo.

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